Un sueño: Ser moderna y diseñar muebles para ikea.
Pesadilla: Los politonos de cualquier teléfono. Propio o ajeno.
Manía: Tener mi teléfono en vibración.
Color: Una longitud de onda sobre los 490 nm o algo tipo RAL 5025.
Indiscreción: En ocasiones veo a John Galliano. El de Celebrities. En el espejo.
Un recuerdo: El olor de la plastilina de la de antes.
Freakada: Procesar datos innecesarios en mi cabeza. Hay quien me usa como un pelocho más.
Vicio: Comer leche condensada a cucharadas.
Una película: Un clásico: Blade runner.
Una canción: Passive aggressive de Placebo entre miles.
Un libro: La vaca que puso un huevo. He redescubierto la literatura infantil. Brutal.
Una revista: Si tuviera versión online, el catálogo de Porcelanosa.
Web: Cualquiera de Google y sus aledaños.
3 prendas: En primer puesto, mi chaqueta reversible, y en tercer lugar, el último par de zapatos que rompí.
Una fiesta: Concierto o fiesta de Ramalazo. En su defecto, cualquier sábado. Porque todos pueden ser nochevieja.
Un ídolo: La gente que tiene tiempo para todo sin agobiarse en el intento.
Un mito erótico: El hombre del tiempo de la primera. Maldonado, no. El nuevo.
Un enemigo: Todo aquel que hable a voces, seguido de cerca por el reggaeton.
Un animal: El dogo argentino de porcelana. No soy capaz de tener seres vivos a mi cargo.
Una ciudad: Cualquiera imaginaria.
Una religión: La biblia Pitchfork, o también el evangelio según Jenesaispop.
Un ramalazo: Mi repentino síndrome antidiógenes. Acumular se va a acabar. Menos, pero más.
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