TOCAR FUERA

 

Tocar en Madrid, con la confianza de que, al menos, vendrán siempre los amigos, algunos conocidos, unos cuantos curiosos más o menos enterados de lo que van a ver y también algún compañero de trabajo dispuesto a ver cómo es uno fuera del entorno laboral.

 

O tocar, por ejemplo, en Valladolid. Tocar fuera de Madrid, en general, con la inquietud y la ilusión de no poder anticipar quién acudirá, si irá alguien, si gustará algo, mucho, poco, nada.

 

El pasado 24 de septiembre celebré mis treinta y un años (y un día) en el Café Teatro, dando un concierto que no sabía cómo saldría.

¡Y salió muy bien! Sin querer desmerecer ninguna otra de las ocasiones en que he tenido la suerte de poder presentar mis canciones en vivo, la de Valladolid ha sido la más especial hasta el momento. Los responsables de Ramalazo en la organización y mi querido Algora como principal atractivo del cartel se encargaron de que hubiese ambiente, público y hasta prensa. Mi amiga Lou Lou de Viaje puso su gran voz al servicio de unas canciones elegidas buscando siempre que el directo se haga ameno y participativo.

Para los que estuvisteis: ¡crear entre todos el momento improvisado y colectivo en el que repasamos vuestros lugares favoritos de la ciudad, será ya por siempre una de mis cumbres musicales!

 

Hay que procurar salir de Madrid, y de Barcelona, y de sus, muchas veces, círculos viciosos del "underground". Hay que exponer lo que uno hace y la forma de llevarlo al directo allí donde a uno le llamen. Eso despierta, ilustra, ensancha el pecho, alegra y refresca. Hacer nuevos amigos. Caminar rumbo a la sala, cargado con la guitarra y el teclado, paseando por la parte de abajo -la que casi no se ve- del "skyline" hasta de la plaza más insospechada.

Lo que hace falta también, claro, es que los Ayuntamientos y autoridades públicas favorezcan que el ocio musical sea algo fácil de ofrecer, y que los colectivos locales sean proactivos.

 

Tengo la suerte de escribir esto para una publicación que, frente a cualquier traba, luce esa actitud abierta e inquieta. Es una gran suerte.

¡Espero tener también la suerte de que llamen para tocar en alguna de las próximas fiestas de Ramalazo! Y que volvamos a entonar ese '¡Qué bonito es Pucela!'.

 

Tocar fuera... y sentirse como en casa (o aún mejor).

 

 

 

Raúl Querido

Opinar y Compartir

blog comments powered by Disqus