ARQUITECTURAS DE HUMO
Tras el extinto ‘boom inmobiliario’ nada nos hacía presagiar que un fenómeno de tal calibre pudiera volver pero... como no hay "Boom sin tres" llega ahora la "Arquitectura de humo" o "Arquitectura del fumador". Al igual que su predecesor, este boom trae burbuja propia: aquella en la que se trata de meter al fumador simulando una extensión del local con toda suerte de artilugios y el atrezzo propio de una súper producción Hollywoodiense: Sillas, mesas, taburetes... –Véase también en este punto: silla vieja, taburete viejo y mesa que cojea. Estos últimos no precisan de la alegre cadena y candado que suele acompañar al otro mobiliario, ese más cool comprado ad hoc para estos espacios del fumador-. Sombrillas, calefactores o mantas según la estación del año que rija. Cristal, madera, metacrilato, lonas y cortinillas varias que harían chillar al mismísimo Norman Bates de tener que correrlas blandiendo su cuchillo (Un cigarro en este caso). Césped artificial, jardineras o lámparas chill out totalmente out a la entrada de un local tipo castellano.
Y en todos los casos –y en algunos el único caso- "el cenicero". Habiendo llegado ya al leitmotiv y corazón de estas arquitecturas de humo, se desaconseja al lector creer que se vaya a tratar del famoso cenicero Copenhague de 1966 diseño de André Ricard sino más bien del cenicero Vermouth Cinzano que sí, tendrá forma de triángulo, pero este no desaparece como los barcos en el de las Bermudas. De tal forma que: ¡helo ahí!
Y es que el cumplimiento de la Norma ha hecho mucho daño a algunos de los lugares con más encanto de nuestras ciudades: diminutas calles del centro cuajadas de cubículos que has de sortear porque si los pisas estás dentro y si no sigues en la calle, la calle: la que era de todos. Cafés de esos con solera, que hubieran fascinado al mismísimo Pessoa y a todos sus alter ego, a los que les han crecido unas aletas laterales flanqueando la puerta como queriendo decir: "este es su espacio: fume aquí".
¿Dónde quedo el "Fumando espero al hombre que más quiero, tras los cristales de alegres ventanales..."? Ahora uno fuma en la puñetera calle y normalmente te esperan dentro.
Señores fumadores... mientras decidan, o no, dejar de fumar animados por perversiones varias de la Norma y la Ley quédense al socaire de estas arquitecturas de las que pueden estar seguros que llevan su nombre.
Texto e ilustración: KoKoRo
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